Y EL CUARTO ANILLO, LLORÓ...

El cuarto anillo ayer no paró de llorar. Desde el cielo las lágrimas caían sobre Sevilla fruto de la impotencia sentida por aquellos hombres y mujeres que lo dieron todo por su Betis. Aquellos para los que no existía el dinero, no para comprar o poseer el Betis, eso es una ordinariez, sino para comer ellos mismos o llegar cada quince días Palmera en ristre a ver una de las pocas alegrías que tenían por aquellos años: el Real Betis Balompié. Entonces hablamos de una fiesta constante, del manquepierda, de un Betis de todos y cada uno de los que sentían en verde y blanco. Por aquel entonces sus neuronas nunca pudieron imaginar que tanto esfuerzo, sudor, hambre, sed y lágrimas, sólo serían el preludio de los que años más tarde pasaría a convertirse en el Real Veto Balompié. Veto para periodistas que abren sus micrófonos, cámaras o páginas de periódicos a béticos disconformes con la gestión global del club. Veto para esos mismos béticos acribillados a través de los medios del club en el resurgir de Goebbels. Veto para personas, jugadores, presidentes, entrenadores, otros béticos en general, que escribieron con letras de oro esta sufrida centenaria historia. Y veto en definitiva para los que no asumen con la cabeza agachada las directrices del jefe. ¿Cómo no van a llorar desde el cuarto anillo? Si encima la Asamblea por antonomasia de los béticos se convierte en el mejor exponente de este veto elevado a su mayor grado, bajo la censura de la amenaza y la incapacidad de unos ¿consejeros?, ¿presidente?, sentados al lado del gran amo. “Es peor que una dictadura porque vivimos en una democracia enmascarada”. Sin duda la frase que refleja la triste realidad de un club universal, llevado a una sola calle por el cacique que lo gobierna.
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