El catalogo de IKEA ¡Que ella no lo lea!

Yo ya comencé a sospechar el año pasao cuando un vecino de mi bloque, recién casao y recién comprao el piso, se tiró del octavo. Justo antes de morir en mis brazos dijo balbuceando:
- "El catálogo de IKEA… que ella no lo lea… y la palmó. En aquel momento no lo entendí; me pareció el típico enigma misterioso a modo de advertencia pero no supe descifrarlo. En la mano estrujaba un papelito que pensé sería la típica nota de suicidio, pero no; era una especie de jeroglífico indescifrable; una secuencia de símbolos y gráficos sin ningún tipo de texto que consideré sería mejor guardar para investigarlo con más calma……Y ahora me arrepiento de no haberlo hecho antes. Por si acaso, cuando la ambulancia se lo llevó, retiré de los buzones todos los catálogos que ví; pero no sirvió de nada. Los cabrones lo tienen bien montao. El catálogo de IKEA se extiende entre las mujeres como el virus de la gripe aviar entre los pollos. Eso lo descubrí después, tras mi primera y espero que última visita a ese lugar. Tras los acontecimientos que viví allí dentro y los que se sucedieron a mi vuelta, llegué a la conclusión de que era necesario evitar su reparto. Descubrí que cuando el catálogo de IKEA entraba en una casa se instalaba en un lugar preferente. A menudo incluso, ocupando los lugares tradicionalmente destinados a colocar la biblia o las página amarilla. Con que hubiera un solo catálogo en un bloque, todo el barrio resultaba infestado. Simulé un accidente en el puente y embestí a la furgoneta que los traía hasta que cayó al agua… pero no sirvió de nada… secuestré y descuarticé al encargao de la imprenta en Estocolmo… pero no sirvió de nada… y entonces fue cuando lo comprendí; debía usar sus mismos medios para combatirlo; debía crear una especie de antivirus para contrarrestar el nocivo efecto del catálogo de IKEA… y aquí está: este relato debe cumplir ese cometido. Por eso, debéis transmitirlo por internet a cuantas personas en situación de riesgo conozcáis: solteros a punto de dejar de serlo, novios encarajotados, incautos a punto de arrejuntarse, ilusos compradores de pisos nuevos…etc. Va por ellos y recordad: ¡EL CATÁLOGO DE IKEA!...¡QUE ELLA NO LO LEA!... …Varios días después de enterrar al suicida del octavo, llegué del curro y me vi el catálogo en el salón. Antes de que me diera tiempo a decir nada, mi novia dijo:
- Cariño, ¿vamos mañana sábado a ikea?...la estantería “billy” es muy bonita... Ya está, la cagamos pensé yo. Todavía no sabía que había querido decir el suicida del octavo, pero la verdad es que como estábamo amueblando el piso y lo que vi en el catálogo me pareció barato, pues ¿por qué no? me dije. En el fondo, como a todo el mundo, a mi también me gusta ir a esos sitios pa curioseá y tocarlo tó. Y ahí empezó la maldición del catálogo... Para que todo entre por los ojos, IKEA se lo monta muy bien. Sus expositores son "minipisos", como los que nos quiere endosar el gobierno. Esquivando gente por los pasillos. Allí estaban dos "marías" metiendo en los bolsos todos los libros de las estanterías, y les dije:
- Señoras, que esos libros están en sueco y ademas son de plastico… a lo que me respondió una:
- Si no es pa leerlos hijo, me los llevo porque me van mu bien con las cortinas…Llegué al dormitorio y me tumbé a probar la cama. En ese momento, la parienta de Paquillo (allí siempre veras alguien conocido, parece Chipiona), que la verdad, siempre había tenío fama de calientahembrasdepollo… me vio y se me tumbó al lado justo cuando entraba la parienta… todavía me duele el guantazo… Al salir del mini piso, me dejó. Pero como ya llevaba apuntao medio ikea, pensó que iba a ser un rollo ponerse a repartir los bienes y decidió perdonarme. Con tanta cháchara (la parienta no paraba de decir cosas para apuntar) me perdí y salí de la casa del sueco a buscarla. Como lo de ir en fila no me gustaba, decidí caminar en dirección contraria… qué cachondeo… tol mundo tropezando, las parejitas no tenían más remedio que soltarse… Al poco, algunos otros más se rebelaron y me siguieron. Al llegar al almacén, el bombazo: los muebles los tiene que buscar tú mismo y cargarlo en un carrito hasta la caja… Mi parienta llevaba el carrito tan cargao que parecía un escarabajo pelotero…y me reí… Ella me dijo:
- Tu ríete, que ya veremos quien ríe el último… no la entendí…Miré a mi alrededor y había miles de personas cargando carritos hasta las trancas como si fueran los "jomeleses" de Nueva York… Yo pensaba:
- ¿Tanta gente está amueblando la casa?... La situación en las cajas era dramática. Parecíamos refugiados huyendo de una guerra. Los carritos chocaban y volcaban las cargas, "las marías" se pegaban… dantesco. Largas colas de miles de personas tenían que pasar por aquel embudo. Las cajeras estaban como los "elfos" luchando contra los "orkos" en "El señor de los anillos"… dando sablazos (nunca mejor dicho) a diestro y siniestro. Además, están muy puteadas porque les controlan el tiempo que tardan en atender a los clientes. Si pasan más de dos minutos y medio con un cliente, no la renuevan…El momento más dramático era el del pago. Muchas parejas se rompían para siempre. La mujer era la que pasaba al otro lado de la caja para ir cargando las bolsas y las cajas y el hombre era el que iba vaciando el carro y esperaba para pagar. En ocasiones, cuando entre el hombre y la mujer la montaña de objetos era lo suficientemente grande como para que dejaran de verse, el hombre aprovechaba para huir corriendo hacia el interior de la tienda dejando a su pareja para siempre.Yo pensé que la culpa de tanto abandono en aquel momento la tendrían las interminables facturas pero no era eso…
Tras cargar el coche como si fuera una partida del tetris en el nivel 9, llegamos a casa. Cuando descargamos el coche, la casa quedó completamente llena de cajas. Al abrir la primera pensé que el mueble venía defectuoso, así que abrí otra, y otra, y otra… en aquel momento lo entendí todo. Mi mujer diciéndome que a ver quien reía el último, el okupa (uno que se quedó a vivir allí), los miles de maridos desertores en las cajas… y el suicida del octavo…Todo encajaba. ¡¡Los muebles de IKEA vienen desmontaos. Pa que los montes tú con tus cojones!! Yo había abierto catorce cajas y ya había miles de tornillos y piezas por el suelo. Agobiado, tiré al contenedor los cartones, plásticos y papeles que no servían y decidí dejar el montaje para el día siguiente, domingo. El domingo comencé temprano. El lunes tuve que pedir un par de días de asuntos propios para terminar el montaje al descubrir que había tirado las instrucciones. El miércoles pedí la semana de vacaciones que me quedaba. El jueves de la semana siguiente solicité la baja por malestar general. Al mes, me la dieron por depresión. Tras dos meses de encierro perdí el trabajo, los amigos, la salud…pero a mi novia no. Ella seguía esperando pacientemente a que yo “hiciera mi parte del trabajo”. Tenía pesadillas con tornillos, piezas y sobre todo con la única herramienta que venía en la caja pa montar el puto mueble: una especie de llave alen canija que soñé que el hijoputa del sueco del IKEA me metía por el culo y me sacaba por la nariz una y otra vez…Una mañana, desesperado hasta el límite y aprovechando un descuido de mi parienta-guardiana, me subí al borde del balcón y, cuando me disponía a terminar con aquel tormento para siempre… lo recordé. Recordé el papelito que el suicida del octavo estrujaba en su puño justo antes de morir en mis brazos; lo busqué y esta vez lo descifré a la primera. Eran las instrucciones de montaje de la estantería "billy" de los cojones. El suicida del octavo había muerto para salvarme. Reconocí las piezas y tornillos en los dibujos y comencé a montarla. Eso sí, mientras lo hacía, no dejaban de retumbar en mi mente sus últimas palabras….
-…¡EL CATÁLOGO DE IKEA!...!QUE ELLA NO LO LEA!...
Sacado de una idea de www.periko.net