Estúpidas ideas americanas

Desde pequeño el sueño de Larry Walters había sido volar, de hecho intentó ser seleccionado en la Fuerza Aérea pero fracasó a causa de su pobre visión. Sintiendo que un tropezón no es una caída, comenzó a investigar una manera casera y barata de lograrlo. Pronto supo que podía crear su propio globo aerostático utilizando los meteorológicos inflados con helio y amarrados a una silla de jardín. Una vez todo preparado, sus amigos se reunieron para una solemne ceremonia, Walters, desafiando al sentido común y la inteligencia, tras un breve discurso se sentó y fue sujetado a su singular aparato. Como acompañantes llevaría una provisión de sandwichs y cervezas. Además de la comida Larry cargaría un rifle de aire comprimido que le ayudaría a “pinchar” los globos para así descender. Al cortar el cable la “máquina voladora” comenzó a subir, y a subir… y a subir. Los cálculos iniciales de Larry indicaban que la silla se detendría a unos 30 metros de altura, aproximadamente, sin embargo ésta no paró hasta casi los 5.ooo metros. Otro percance fue que la silla no se quedó estacionaria en un punto sino, como es lógico, el viento la comenzó a arrastrar por todo Los Angeles. A esa altura nuestro "Ícaro" americano temía dispararle a un globo y desbalancear la carga por lo que permaneció más de 14 horas volando con su silla. El problema, ni más ni menos, llegó cuando su silla desgraciadamente no tuvo mejor idea que circular la ruta aerea de descenso que toman los aviones que se dirigen al aeropuerto LAX (como dije antes en L.A.). Aterrado Walters y aterrados los pilotos quienes se comunicaban euforicamente con la torre comentando la extraña visión, Larry se decidió y prefirió correr el riesgo de dispararle a los globos al de ser envestido por un Jumbo. Curiosamente descendió sano y salvo, convirtiéndose en un héroe local. Meses despues la Administración Aeronáutica todavía no encontraba bajo que cargos lo denunciaría.
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