Un tesoro en la basura

Recupero ésta historia añeja y que no trascendió mucho, pero hoy la rememoro para darle su importancia como expresión humana.
En Diciembre del 2003, miles de holandeses se vieron en la necesidad de realizar una búsqueda exhaustiva en sus hogares. Lo curioso del asunto es que la búsqueda se centró en los recipientes donde ellos depositaban sus residuos. La razón era muy simple: se sabía con certeza que en 200 casas había un diamante. La pregunta es … ¿cómo fue a parar allí la mas famosa de las piedras preciosas?. Veamos… La búsqueda del tesoro en la basura comenzó después de que el dueño de una joyería revelara que había enviado 4.000 sobres promocionales a sus clientes, de los cuales 200 tenían diamantes reales. El joyero, Johan de Boer, invirtió 60.000$ para celebrar el décimo aniversario de su tienda de joyas, de la localidad holandesa de Apeldoorn (sí, como la de Harry Potter). La promoción aniversario consistió en enviar sobres a 4.000 clientes, de los cuales 200 tenían diamantes y el resto circonias, una piedra mucho más barata que se asemeja al diamante. Pero el esfuerzo de Boer fue casi en vano. La mayoría de sus clientes creyeron que se trataba de publicidad engañosa y arrojaron las cartas con las piedras al cubo de la basura. Las bolsas de residuos de muchos de los clientes de la joyería de Boer se convirtieron en unas de las más cotizadas, cuando tomó conocimiento público el tipo de correspondencia que se había desechado. Las cartas promocionales pedían a los clientes que llevaran las piedras recibidas a la joyería y que si se trataba de un diamante, podrían conservarlo. Pero Boer se llevó una gran sorpresa cuando sólo 35 de los 4.000 clientes respondieron a la convocatoria. El joyero se comunicó, entonces, con algunos de sus clientes y comprobó que la mayoría había pensado que se trataba de una publicidad engañosa y había arrojado el correo a la basura. Boer dijo a un periódico holandés que había obrado de un modo muy ingenuo y que se arrepentía de haber montado la campaña. Seguramente, sus clientes también se arrepintieron de lanzar los sobres al cubo.