Enfermedades extrañas VIII

Hypengyofobia
También denominada hipengiofobia o hipengiafobia. Es el miedo persistente, obsesivo, irracional y enfermizo ante cualquier tipo de responsabilidad, tanto de las cosas como de las situaciones.
Es difícil saber cuándo una responsabilidad supera a una persona y por lo tanto, el miedo es racional.
La hipengiafobia se distingue de otros motivos de huida de competencia por que sigue las siguientes pautas:
- La reacción, siempre de huida de la responsabilidad, es desproporcionada frente a la situación que la crea.
- No se puede explicar o razonar.
- Está fuera del control voluntario.
Los que adolecen esta enfermedad pueden tener pocas amistades; dificultades para concretar citas con el sexo opuesto; abandonar la escuela prematuramente; rechazar las promociones en el trabajo; desmoralizarse y deprimirse; abusar del alcohol; y desarrollar otros trastornos psiquiátricos.
Fuente:Wikipedia
El pronóstico del penúltimo tren
Suena complicado pero realmente lo es. Es un sindrome médico diagnosticado y tan frecuente como la menopausia femenina, en definitiva es la misma, pero en los hombres.
Es un sintoma tipificado en un sector generacional. Ubicado entre los 40 y 50 años y cimentado sobre una base financiera media alta.
El amor es una tarea compleja y que, entre otras cosas, debe evitarse la posibilidad de estar abiertos a otros vientos exteriores emocionales, porque una vez iniciado ese derrotero puede ser difícil echar marcha atrás.
Éste no es bueno. Por lo menos, es reservado. El glosario de argumentos zigzagueantes e inciertos construye una sinfonía desigual y paradójica. Y no son otra cosa que crisis de la identidad personal.
El amor verdadero está hilvanado de corazón, cabeza y cultura; sentimientos, razones y espiritualidad. El pensamiento coherente robado a la coreografía.
Como ejemplo las relaciones del viejuno con la jovencita, expongo frases manidas, pero sin extinción:
- "Te quiero mucho, pero no estoy enamorado de ti; vales mucho, pero yo ya necesito otra cosa, sé que eres buena, pero para mí no eres divertida; eres buena madre, pero a mí me cansas; no quiero hacerte daño, pero tengo que ser sincero contigo y decirte que ya no te necesito y me he dado cuenta de que lo que yo busco es una ventana de aire fresco en mi vida afectiva... y creo que aún estoy en el mercado"
A estas alocuciones pueden añadirse elementos que adornan y enriquecen la oratoria florentina, que deja en cualquier pareja una reacción de perplejidad, sorpresa y desconcierto.
El portador del penúltimo tren lanza su soflama con la bandera de la subjetividad, saltando las opiniones desde un punto de vista muy particular, que hace poco accesible el diálogo.
Todo esto se da dentro de una sociedad sin vínculos afectivos, en donde todo es transitorio, efímero, pasajero, con fecha de caducidad. Cualquier compromiso es vivido como prisión y entonces lo mejor es hacer cada uno lo que quiera, sin hacer daño físico al otro, ya que el daño psicológico es tan etéreo que nadie puede valorarlo. El mundo de los sentimientos está entonces repleto de fragilidad y pronto a romperse, para volver al individualismo atroz y al hedonismo particular de la urna de marfil.
La nueva conquista afectiva debe tener muchos años menos y es presentada a los demás como un trofeo y un gol por la escuadra en tiempo de descuento. Se mezcla la crisis de los cincuenta y la cultura light y el contagio psicológico de piruetas parecidas en personajes que suenan. Todo eso forma un cóctel que opera dentro de estos individuos.
Las consideraciones éticas y morales verdaderas han desaparecido y la pareja es pasto de la llamas. Hay una visión plana de la vida (natural), pero falla la vertiente sobrenatural. Es más, el sujeto que tiene este síndrome, defiende que él es auténtico, volviendo otra vez a la malversación de las palabras, al utilizar una lexicografía que se vuelve divertida y atroz, de revista del corazón para pasar una tarde aburrida y llena de sufrimiento.
El amor verdadero está hilvanado de corazón, cabeza y cultura; sentimientos, razones y espiritualidad. El pensamiento coherente robado a la coreografía.

Extracto del libro "Los lenguajes del deseo" del Dr. Enrique Rojas